
"Es como echar margaritas a los cerdos." Era un pensamiento recurrente antes de meterse en la cama. Repasaba mentalmente el día y tenía la sensación de haberlo pasado en una pocilga: rodeado de cerdos, otras veces uno más de la piara. Y sí, levantarse cada día era un desafío, poner en duda las conclusiones a las que había llegado el día anterior: hoy será distinto, hoy lo apreciarán y me sentiré bien por hacer las cosas bien y me harán sentir bien por ello...
"Es como arrojar perlas a los cerdos." Pensó al llegar a casa.










