lunes, 26 de agosto de 2013

Alter ego

Llueve desde mi habitación. Antesala del otoño u ocaso del verano. Qué más da. Aquí da todo igual. La vida ya no es un juego, es una burla. Caminar de espaldas. La mirada perdida y el sabor a hiel que estruja el corazón.
 Las gotas se estrellan contra el cristal. Imagino que son las mismas gotas que antes o después chocarán contra los cristales de un bus peruano.
Llueve desde este autobús. Crepúsculo de invierno o albores de primavera. No importa. Aquí las magnitudes son otras. La vida ya no es broma, es un juego muy serio. Huir hacia delante. La mirada velada y un sabor amargo que cala los huesos.
 Las gotas de lluvia chocan contra los cristales. Son las mismas que golpeaban habitaciones y autobuses. Son las mismas que hoy nos mojan y nos libran del sopor de la rutina para recordarme/nos cuál es mi/tu deber: vivir.

martes, 20 de agosto de 2013

Fausto 2.0

Aquella madrugada Mefisto vino a ver a Tomás mientras dormía sus últimas horas. Mefisto es en realidad una mujer, una mujer con un apetito sexual insaciable. Sigilosa se metió en su cama y al oído le susurró el siguiente trato: a cambio de un polvo, le ofreció una segunda vida. Se equivocaba de destinatario. Mefisto no sabía que Tomás se había jurado no volver a nacer. Con una vida había sido suficiente. Mefisto, consciente de que sólo alguien que no ha tenido que luchar por sobrevivir puede despreciarla de ese modo, quiso seducir a su víctima recordándole que podría revivir los momentos estelares y volver a experimentar con la intensidad de la primera vez los placeres de la vida.
-Tomás, en esta vida te has enamorado más de una vez. ¿No quieres recuperar ese sentimiento con la espontaneidad y la inocencia de la juventud?
 - Para nada. Ya sobreviví a los desasosiegos y a las incertidumbres del querer. El amor es un viaje del que disfruté pero que no lleva a ninguna parte.
 - ¿Que no lleva a ninguna parte? ¿No volverías a ver por primera vez la cara del fruto de tus entrañas?
 - Cuando tuvo edad para hacerlo mi hijo se alejó de mí y me culpó de sus errores. Aunque viviese cien vidas, siempre sería el responsable último de las faltas de mis vástagos.
 - ¿Y qué me dices de los placeres mundanos? ¿Excitar el cuerpo y la mente hasta la extenuación?
 -La satisfacción que se obtiene cumpliendo los deseos del cuerpo, dura una enésima parte de lo que duran los remordimientos.
 - ¿Y qué hay de tus planes de dejar huella en este mundo? ¿Alcanzar la inmortalidad? Tomás, tienes una segunda oportunidad para triunfar.
 -Mefisto, déjame en paz.
 Tomás se volvió a dormir con la certeza de que los motivos expuestos no eran suficientes para decir que la vida merecía la pena y que de su existencia no dependía el curso de la humanidad. Cuando desapareciese el mundo seguiría siendo el mismo. La misma mierda.

viernes, 16 de agosto de 2013

Ataraxia

P está sentada en el sofá, con las dos piernas juntas, la mirada fija en la pared que tiene enfrente, los párpados caídos y los dos brazos que le cuelgan a cada lado del cuerpo. Lleva horas así, prácticamente sin moverse. De vez en cuando, se muerde las uñas. Cada dedo que mordisquea, cada pellejo que se arranca es una duda. Preguntas en el aire flotan delante de sus ojos. Cuál es su yo esencial: ¿el que hace lo correcto como un mero acto de fe?, ¿el que se autodestruye para luego renacer? A quién debe proteger. Su cuerpo está al servicio de su mente o es su cuerpo el que condiciona sus pensamientos. Enciende la chimenea. En la hoguera de las vanidades quema cada amago de sentirse superior a los demás, cada juicio de valor expresado sin haber sido previamente meditado, cada mezquindad. Vacila a la hora de lanzar al fuego las debilidades, las virtudes -si las hay-, las penas y las pasiones. Se siente con derecho a volver a empezar pero "las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la Tierra."

domingo, 11 de agosto de 2013

Dama con libro

Se sube al tren y saca un libro de la mochila. Con su mano derecha lo sujeta como si fuera un abanico, la mano izquierda descansa sobre su regazo. Finge estar concentrada en su lectura, no quiere que sus gestos la delaten.Mira de reojo a su alrededor.Cuando sale al mundo se siente observada, juzgada, como si el mundo entero tuviera que aprobar sus manos, sus ojos, su boca, sus piernas, su libro. Piensa que los momentos más felices de su vida son aquellos que aun estando en compañía se olvida de sí misma.
Se cubre media cara con el libro abierto. En el lenguaje de los abanicos: "Sígueme cuando me vaya".

miércoles, 24 de julio de 2013

A vueltas con el pasado

El pasado puede adoptar tantas formas que es difícil reconocerlo.Yo no me di cuenta de que estuve hablando con él hasta pasados unos días. Mi pasado, este en concreto, ha venido y se ha ido muchas veces. Ahora espero y creo que no se irá. No ha envejecido mucho, hasta diría que los años le han sentado bien. Mi pasado huele a jabón y a cerveza. Es tan familiar que vuelvo a tener diez años y sólo quiero acurrucarme en su regazo. Mi pasado cree que no le he querido nunca y lo que no sabe es que en la frente lleva escrito "¿Y si...?". Vive para recordarme que fui peor y que todavía puedo serlo. Mi pasado me conoce. Me escudriña y pone patas arribas el frágil sistema de valores que me he inventado para sobrevivir.  Mi pasado vive en Madrid y yo soy de Barcelona.

lunes, 15 de julio de 2013

Me cumplo años

Me cumplo años y hasta aquí hemos llegado. ¿Queda mucho o poco? ¿Lo he hecho bien o lo he hecho mal? ¿Se puede hacer mejor? ¿Existo y luego pienso? Y si...
Y en mi caso, al final, todo se reduce a un bocadillo de chorizo y queso.

miércoles, 3 de julio de 2013

Sin título

Me guste o no, escribir es un acto de vanidad. ¿Quiero ser inmortal?

martes, 4 de junio de 2013

Mamá, quiero ser artista

- Mamá, yo de mayor quiero ser artista.
- ¿Por qué?
- Porque sí.
- Me parece un muy buen motivo.

Eso le dijo Tomás a su madre cuando tenía seis años. Ahora tiene casi treinta -no son muchos pero el tiempo es relativo- y ya sabe que no lo es pero que tampoco puede ser otra cosa.
Todas las mañanas se debate entre levantarse, pegarse una ducha e irse a trabajar o quedarse en la cama y follarse a su novia como un salvaje durante horas. Cuando se mete en el metro duda si pagar el billete correspondiente o plantarse hasta que le abran barreras porque el precio del transporte público es un abuso.
Al llegar al trabajo no sabe si encender el ordenador y demostrar que es eficiente y resolutivo o echarse a llorar porque el aire no huele a mar y los rayos de sol no calientan a través de los cristales.
Por la tarde, de camino a casa, Tomás piensa en comprarse un buen libro y leerlo con una copa de vino en mano o en entrar en el primer bar que encuentre a emborracharse de cerveza y tirarse a una desconocida con la misma vehemencia con que se lo habría hecho a su novia por la mañana. 
Después de cenar, ve las noticias y no distingue si siente que las desgracias ajenas le reconfortan o le hacen odiarse más por no hacer nada por cambiarlo.
Se mete en la cama, y quiere ser otra persona y está dejando que no pase.

jueves, 30 de mayo de 2013

Ni guapos ni feos

No le gustan los guapos, tampoco los feos.
No le gustan los listos, tampoco los tontos.
Ni los altos, ni los bajos, ni los gordos, ni los flacos,
ni los rubios, ni los morenos, ni los honestos , ni los mentirosos,
ni los cobardes, ni los valientes, ni los de este planeta, ni los que caminan sobre las aguas.
Le gustan los que tienen nombre.

miércoles, 1 de mayo de 2013

01.05.2013

No podría vivir sin días. Es un lujo que empiecen y que acaben.
Por la noche vienen a acunarte las angustias y los remordimientos y cuando te despiertas no están. Empieza un nuevo día o eso parece.

lunes, 22 de abril de 2013

Aeropuertos


El avión con destino  a Barcelona está listo para embarcar. El finger que lo conecta con la terminal va engullendo la cola de pasajeros que se ha formado desde hace ya un buen rato. Al hombre occidental le entra la prisa en los momentos más insospechados –de camino al trabajo, al entrar en un avión.  
Una mujer se quita la americana, se alisa la falda para sentarse y cuelga la chaqueta en el respaldo del asiento anterior para sentarse y abrocharse el cinturón. Son gestos mecánicos. Lleva tacones finos y medias oscuras. Inclina la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. El trayecto es corto y lo conoce de memoria.
Hay turbulencias. Las sacudidas del avión la desvelan. Mira a su derecha.
Una coetánea se aprieta las manos entre las rodillas. Entrelaza los dedos y empieza a murmurar. Está rezando. Se frota la medalla que cuelga del cuello y cierra los ojos.
El avión aterriza por fin. Las dos mujeres salen, una detrás de la otra. La ejecutiva que conoce el camino de memoria se dirige a coger un taxi, en un gesto instintivo vuelve la vista atrás y ve a su compañera de viaje que se abraza con alguien.

martes, 19 de marzo de 2013

Matrimonio


-Ya tengo los resultados de las pruebas. Tengo cáncer.
-¿Te estás muriendo?
-Como tú. Sólo que a mí me han dado fecha.
-No sé cómo puedes hablar así.
-¿Hablar cómo?
-Con esa frialdad, como si no fuera algo serio.
-Oye, que el que se muere soy yo. ¿Eso también te molesta?
-Por favor…
-Sí, seguro que te jode. Esto no lo puedes controlar. Aquí no eres tú la protagonista.
-¿Es eso lo que piensas de mí?
-Sí, me muero y te quedarás sola. Y ya no podrás pensar en lo que hago mal, en cómo te   hago sentir. En lo desgraciada que eres a mi lado. La culpa de todo lo que te pase será tuya y sólo tuya.
-¿Y cuánto ha dicho el médico que te queda?

martes, 12 de marzo de 2013

El día de Salinas

EL DÍA DE SALINAS

Raquel acababa de salir de la ducha. El calor del asfalto en pleno verano había hecho del paseo hasta el piso una experiencia asfixiante. Ahora se encontraba frente al espejo que tantas veces le había devuelto el reflejo y observaba cómo le colgaba la toalla de las caderas. Le gustaban sus huesos  que sobresalían, femeninos y redondos, también los de la clavícula. El resto siempre le sobraba. De hecho, le impresionaban los que sabían pasearse desnudos sin pudor ni especial orgullo de su cuerpo.
Mientras hurgaba en los cajones en busca de un cepillo de pelo encontró un pintalabios. Era de color ciruela intenso y se repasó los labios con destreza para ver cómo le sentaba. No había usado ese color antes. Se peinó con el pelo hacia atrás, despejando la cara y el cuello, y colocó dos gotas de perfume en las muñecas frotándolas entre ellas.
Desnuda, sentada en la cama, rebuscó en los cajones de la cómoda de pino hasta dar con un conjunto de sujetador y bragas de algodón blanco y puntillas de encaje. Se ajustó las prendas elásticas y comprobó cómo destacaban sobre la piel bronceada y brillante, a base de sal marina y cremas hidratantes. No había quien se lo dijera y se sentía atractiva.

Se dirigió a la cocina. El calor había aflojado y la luz del atardecer se colaba por los ventanales de la terraza. Abrió la nevera y se sirvió vino blanco en un vaso de cristal. Armada con el vino y un cigarro en la boca, Raquel volvió al salón y empezó a repasar las estanterías domésticas. Reconoció libros de amor y de sombras que había leído en su adolescencia y a los que no volvería pues esas historias ya no la necesitaban. Siguió saltando con la vista de una estantería a otra. Dio con Germinal de Zola, de lectura obligatoria en el instituto y esbozó una sonrisa. Rememoró aquella etapa en la que el reconocimiento por sus aptitudes académicas le venía sin esfuerzo. Quizá no fue bueno para ella que no tuviera que aplicarse en los estudios. El vino que iba bebiendo ininterrumpidamente a sorbitos cortos hacía su efecto y sus músculos se iban relajando y su cabeza desembotando. Recordaba haber leído algunos títulos más, no estaba lejos la niña que creía que hacerse adulta era comulgar con la brutalidad de Hemingway o la suciedad de  Bukowski –sorprende cómo nuestros libros hablan de nosotros y  sin embargo, un mismo libro puede estar en varios hogares a la vez–, otros no estaba segura de haberlos ni tan siquiera hojeado. Se topó con un par de fotografías. No hacía mucho que esas  instantáneas habían sido tomadas; al menos, los protagonistas no parecían haber envejecido. Las imágenes reales se entremezclaban con los recuerdos de Raquel. Los mismos protagonistas –un hombre y una mujer que parecen felices– y diferentes escenarios. Los recuerdos son construcciones de la mente, pensó. No son objetivos, los manipulamos a nuestro antojo. Las fotografías sí son objetivas, son más ciertas que lo que yo he vivido, que lo que yo he sentido. Había vivido una realidad que huía de los convencionalismos, aquella de la que nadie habla y nadie quiere oír hablar. Y ahora dudaba de su verdad que al lado de las imágenes se tambaleaba.
Era noche cerrada cuando Raquel se metió en la cama. Las sábanas estaban frías y las oyó crujir entre sus piernas. Estalló en llanto. Con la cara apretada contra la almohada, lloraba como si hubiera acumulado las lágrimas desde que nació. Estuvo sollozando y gimiendo hasta que el cansancio la venció y se quedó dormida.
Se despertó sin el sobresalto del despertador, como si el día que empezaba a clarear la hubiera llamado. “Despierta, el día te llama.”, podría haber oído. Se levantó de la cama que hizo con sumo cuidado y se puso la ropa encima de la lencería blanca. En el salón, recogió el vaso y los restos de tabaco. Abrió la puerta del recibidor y antes de salir echó un último vistazo al piso. Los rayos de sol lo iluminaban y todo parecía más limpio.
Al llegar a la oficina nadie la esperaba –a esas alturas del verano quedaban cuatro gatos. Encendió su ordenador y mientras arrancaba la máquina se dirigió al despacho de Luis sin mucho disimulo. Se sacó las llaves del bolsillo y las dejó en el mismo cajón donde sabía que las encontraría la tarde anterior. Acarició la tapicería de la silla giratoria azul y cerró la puerta. Ese sería su último día en la oficina y el último que entraba en el despacho de Luis. Ahora le tocaba a ella tener un hogar al que volver, tener fotografías que fueran testigo de sus recuerdos que ya se ocuparía de reconstruir.

lunes, 4 de marzo de 2013

La urgencia

"Urgencia, necesidad, apremio, atropello. 
Acción y remordimiento. Deseo y negación. 
Vivir para contarlo. Contarlo para vivirlo."

lunes, 18 de febrero de 2013

Una educación sentimental


Te enseñaron a querer.
Convencionalismos, verdades ciegas,
son preludio de batallas privadas.
En una huida hacia delante, echaste a correr,
Y no terminaste de aprender.

Aprendes a querer.
Sales a buscar la vida que se te escapa, 
allí donde la mentira se destapa.
En la partida, tú no lo sabes, juegas a perder, 
Y no terminas de aprender.

Aprendarás a quererte.
Luchas contra fantasmas, enemigos del alma, 
suenan los versos de la calma.
El día de Salinas te llamará a tu vida: tu deber,
Y no terminarás de aprender.

lunes, 11 de febrero de 2013

El escritor


Cuando escribe se siente poderoso. Crea vidas y las domina. Siente que crece, que sus pensamientos trascenderán. Sus palabras se vuelven importantes al ponerlas sobre papel. Se cargan de sentido y se disparan como balas. No importa lo que haya dicho o hecho, lo que importan son sus textos. Cree que porque los escribe hay quien los lee. Sus puntos, sus comas, cambiarán la vida de alguien, el mundo. Sangra tinta.
Al día siguiente, coge los textos, los lee y los rompe.


lunes, 28 de enero de 2013

Instinto animal

"Tú lo que quieres es que me coma el tigre...". Canturrea. La canción de La Faraona lleva instalada en su cabeza desde hace días. "Que me coma el tigre, que me coma el tigre...". Canturrea. Se quita las medias. "Mi carne morenaaaaa..." Canturrea. Se quita la camiseta. "Tú lo que quieres..." Canturrea. Se queda en ropa interior. "Y entonces..." Canturrea. Se mete en la cama. Fría y muy vacía. "Yo lo que quiero es que me coma el tigre..."

lunes, 21 de enero de 2013

Fantasmas



Estoy en las Ramblas a eso de las seis de la tarde, en dirección al mar, y entre todas las caras que se cruzan distingo la suya. Es curioso que en todos  estos años nunca antes me la haya encontrado, incluso empezaba a dudar que fuera real, pero ha sido fácil reconocerla. En movimiento, sus facciones no resultan muy distintas de las fotos que había visto en casa de Luis. Es una cara que podría dibujar de memoria. Siempre que iba a su casa y mi mirada se cruzaba con alguna foto de ellos en el salón, en el pasillo, en el dormitorio, rápidamente giraba la cabeza pero volvía a mirar de refilón. El mismo gesto instintivo que cuando vas sentada en el metro, levantas la vista y te encuentras con el paquete de un tío: te ruborizas, disimulas, pero la curiosidad te puede y vuelves a mirar.
El caso es que disminuyo el paso, convencida de que camina hacia mí, segura de sí misma –o al menos así la he visto yo–, y según se acercaba me ha parecido que abría la boca para decirme algo. Error. Ha pasado por mi lado sin inmutarse. No me conoce, no sospecha que existo. Supongo que a eso le llaman “ironías de la vida”. Luego ya no he pensado más, me he girado y me he puesto a seguirla. No me juzgues, sólo quería ver que es lo que la hacía tan especial, que tiene que yo no tenga. Cuando pudo no hacerlo, Luis la eligió a ella.
Es más flaca de lo que imaginaba. La he visto comprar naranjas en la frutería, elegir sujetadores en la tienda de lencería, rebuscar en su  bolso para coger el móvil. He oído su voz, su risa mientras hablaba con alguien. Me ha jodido que fuera tan humana.
Cuando he querido darme cuenta eran las diez. Me he olvidado de mí, de que tenía cosas que hacer y de una manera casi mecánica he llegado a casa. Me he quitado el abrigo, he dejado las llaves encima del mueble del recibidor –haciéndolas chocar con la madera, para que hagan ruido como a mí me gusta–  y me veo escribiéndote para contarte que hoy he visto un fantasma de carne y hueso.

lunes, 7 de enero de 2013

A Nuréyev


Madrid, 30 de diciembre de 2012.

Cher Charles,

El año toca a su fin —yo ya lo daba por terminado— y me ocurrió lo inesperado. Deja que te cuente.
Ya sabes que padezco de insomnio pero que nada tiene que ver con mi conciencia y pensando en que el aire de la noche me haría bien, me calcé las botas de siete leguas y me eché a la calle. No me gusta andar por ahí a altas horas de la madrugada, los peligros de la noche acechan en cualquier esquina —bien lo sé—pero a veces conviene hacer caso a los instintos. Tienes que saber que en la ciudad de los gatos no se duerme, así que no es ningún agravio entrar en un garito a destiempo y eso es lo que hice. Doblé la esquina, abrí la primera puerta y estaba dentro de lo que parecía el cuarto oscuro de un estudio fotográfico. Entre luces rojas, música y etanol, se me aparece majestuoso el gran Nuréyev: grand jeté, arabesque, pliés. Toda una exhibición de precisión y elegancia. Creerás que me lo invento pero es exactamente lo que ocurrió.

Y sin más que añadir, se despide afectuosamente tu amiga,

Anna Karina

jueves, 27 de diciembre de 2012

El fin del principio

Con frecuencia se miraba el ombligo, compadeciéndose por tenerlo tan pequeño, por que pasaba tan desapercibido que nadie le daba la importancia que tenía. Muchas veces se sentaba en cuclillas inclinando la cabeza para acercar al máximo el ojo al agujero de sus entrañas. El ombligo es un hoyo negro: su misma fuerza de atracción, los mismos misterios encerrados. Lo escudriñaba durante horas buscando su verdad para no ver, sentir ni oír nada más que sus pensamientos. A esa actividad estéril consagró un TIEMPO de su VIDA. Pero -siempre hay un "pero"- un día u otro cualquiera, descubrió un pelo que sobresalía alrededor de su ombligo y empezó a tirar de él, como se tira de la hebra de lana de un jersey:  uno sigue tirando aun a riesgo de que se deshaga. Y así empezó a desenroscarse su ombligo, poco a poco, una espiral que se aleja de su centro y tiene forma de principio y de fin.