No le gustan los guapos, tampoco los feos.
No le gustan los listos, tampoco los tontos.
Ni los altos, ni los bajos, ni los gordos, ni los flacos,
ni los rubios, ni los morenos, ni los honestos , ni los mentirosos,
ni los cobardes, ni los valientes, ni los de este planeta, ni los que caminan sobre las aguas.
Le gustan los que tienen nombre.
jueves, 30 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
01.05.2013
No podría vivir sin días. Es un lujo que empiecen y que acaben.
Por la noche vienen a acunarte las angustias y los remordimientos y cuando te despiertas no están. Empieza un nuevo día o eso parece.
lunes, 22 de abril de 2013
Aeropuertos
El avión con destino a Barcelona está listo para embarcar. El finger que lo conecta con la terminal va
engullendo la cola de pasajeros que se ha formado desde hace ya un buen rato.
Al hombre occidental le entra la prisa en los momentos más insospechados –de
camino al trabajo, al entrar en un avión.
Una mujer se quita la americana, se
alisa la falda para sentarse y cuelga la chaqueta en el respaldo del asiento
anterior para sentarse y abrocharse el cinturón. Son gestos mecánicos. Lleva
tacones finos y medias oscuras. Inclina la cabeza hacia atrás y cierra los
ojos. El trayecto es corto y lo conoce de memoria.
Hay turbulencias. Las sacudidas del
avión la desvelan. Mira a su derecha.
Una coetánea se aprieta las manos entre
las rodillas. Entrelaza los dedos y empieza a murmurar. Está
rezando. Se frota la medalla que cuelga del cuello y cierra los ojos.
El avión aterriza por fin. Las dos
mujeres salen, una detrás de la otra. La ejecutiva que conoce el
camino de memoria se dirige a coger un taxi, en un gesto instintivo vuelve la
vista atrás y ve a su compañera de viaje que se abraza con alguien.
martes, 19 de marzo de 2013
Matrimonio
-Ya tengo los resultados de las pruebas. Tengo cáncer.
-¿Te estás muriendo?
-Como tú. Sólo que a mí me han dado fecha.
-No sé cómo puedes hablar así.
-¿Hablar cómo?
-Con esa frialdad, como si no fuera algo serio.
-Oye, que el que se muere soy yo. ¿Eso también te molesta?
-Por favor…
-Sí, seguro que te jode. Esto no lo puedes controlar. Aquí no eres tú la protagonista.
-¿Es eso lo que piensas de mí?
-Sí, me muero y te quedarás sola. Y ya no podrás pensar en lo que hago mal, en cómo te hago sentir. En lo desgraciada que eres a mi lado. La culpa de todo lo que te pase será tuya y sólo tuya.
-¿Y cuánto ha dicho el médico que te queda?
martes, 12 de marzo de 2013
El día de Salinas
EL
DÍA DE SALINAS
Raquel acababa de salir de la ducha.
El calor del asfalto en pleno verano había hecho del paseo hasta el piso una
experiencia asfixiante. Ahora se encontraba frente al espejo que tantas veces
le había devuelto el reflejo y observaba cómo le colgaba la toalla de las
caderas. Le gustaban sus huesos que
sobresalían, femeninos y redondos, también los de la clavícula. El resto
siempre le sobraba. De hecho, le impresionaban los que sabían pasearse desnudos
sin pudor ni especial orgullo de su cuerpo.
Mientras hurgaba en los cajones en
busca de un cepillo de pelo encontró un pintalabios. Era de color ciruela
intenso y se repasó los labios con destreza para ver cómo le sentaba. No había
usado ese color antes. Se peinó con el pelo hacia atrás, despejando la cara y
el cuello, y colocó dos gotas de perfume en las muñecas frotándolas entre
ellas.
Desnuda, sentada en la cama, rebuscó
en los cajones de la cómoda de pino hasta dar con un conjunto de sujetador y
bragas de algodón blanco y puntillas de encaje. Se ajustó las prendas elásticas
y comprobó cómo destacaban sobre la piel bronceada y brillante, a base de sal
marina y cremas hidratantes. No había quien se lo dijera y se sentía atractiva.
Se dirigió a la cocina.
El calor había aflojado y la luz del atardecer se colaba por los ventanales de
la terraza. Abrió la nevera y se sirvió vino blanco en un vaso de cristal.
Armada con el vino y un cigarro en la boca, Raquel volvió al salón y empezó a
repasar las estanterías domésticas. Reconoció libros de amor y de sombras que
había leído en su adolescencia y a los que no volvería pues esas historias ya
no la necesitaban. Siguió saltando con la vista de
una estantería a otra. Dio con Germinal
de Zola, de lectura obligatoria en el instituto y esbozó una sonrisa. Rememoró
aquella etapa en la que el reconocimiento por sus aptitudes académicas le venía
sin esfuerzo. Quizá no fue bueno para ella que no tuviera que aplicarse en los
estudios. El vino que iba bebiendo ininterrumpidamente a sorbitos cortos hacía
su efecto y sus músculos se iban relajando y su cabeza desembotando. Recordaba haber leído algunos títulos más, no estaba lejos
la niña que creía que hacerse adulta era comulgar con la brutalidad de
Hemingway o la suciedad de Bukowski –sorprende cómo nuestros libros
hablan de nosotros y sin embargo, un
mismo libro puede estar en varios hogares a la vez–, otros no estaba segura de
haberlos ni tan siquiera hojeado. Se topó con un par de fotografías. No
hacía mucho que esas instantáneas habían
sido tomadas; al menos, los protagonistas no parecían haber envejecido. Las
imágenes reales se entremezclaban con los recuerdos de Raquel. Los mismos
protagonistas –un hombre y una mujer que parecen felices– y diferentes
escenarios. Los recuerdos son construcciones de la mente, pensó. No son
objetivos, los manipulamos a nuestro antojo. Las fotografías sí son objetivas,
son más ciertas que lo que yo he vivido, que lo que yo he sentido. Había vivido
una realidad que huía de los convencionalismos,
aquella de la que nadie habla y nadie quiere oír hablar. Y ahora dudaba de su verdad
que al lado de las imágenes se tambaleaba.
Era noche cerrada cuando
Raquel se metió en la cama. Las sábanas estaban frías y las oyó crujir entre
sus piernas. Estalló en llanto. Con la cara apretada contra la almohada,
lloraba como si hubiera acumulado las lágrimas desde que nació. Estuvo
sollozando y gimiendo hasta que el cansancio la venció y se quedó dormida.
Se despertó
sin el sobresalto del despertador, como si el día que empezaba a clarear la
hubiera llamado. “Despierta, el día te llama.”, podría haber oído. Se levantó
de la cama que hizo con sumo cuidado y se puso la ropa encima de la lencería
blanca. En el salón, recogió el vaso y los restos de tabaco. Abrió la puerta
del recibidor y antes de salir echó un último vistazo al piso. Los rayos de sol
lo iluminaban y todo parecía más limpio.
Al llegar a
la oficina nadie la esperaba –a esas alturas del verano quedaban cuatro gatos.
Encendió su ordenador y mientras arrancaba la máquina se dirigió al despacho de
Luis sin mucho disimulo. Se sacó las llaves del bolsillo y las dejó en el mismo
cajón donde sabía que las encontraría la tarde anterior. Acarició la tapicería
de la silla giratoria azul y cerró la puerta. Ese sería su último día en la
oficina y el último que entraba en el despacho de Luis. Ahora le tocaba a ella
tener un hogar al que volver, tener fotografías que fueran testigo de sus recuerdos
que ya se ocuparía de reconstruir.
lunes, 4 de marzo de 2013
La urgencia
"Urgencia, necesidad, apremio, atropello.
Acción y remordimiento. Deseo y negación.
Vivir para contarlo. Contarlo para vivirlo."
lunes, 18 de febrero de 2013
Una educación sentimental
Te enseñaron a querer.Convencionalismos, verdades ciegas,
son preludio de batallas privadas.
En una huida hacia delante, echaste a correr,
Y no terminaste de aprender.
Aprendes a querer.
Sales a buscar la vida que se te escapa,
allí donde la mentira se destapa.
En la partida, tú no lo sabes, juegas a perder,
En la partida, tú no lo sabes, juegas a perder,
Y no terminas de aprender.
Aprendarás a quererte.
Luchas contra fantasmas, enemigos del alma,
Aprendarás a quererte.
Luchas contra fantasmas, enemigos del alma,
suenan los versos de la calma.
El día de Salinas te llamará a tu vida: tu deber,
Y no terminarás de aprender.
Y no terminarás de aprender.
lunes, 11 de febrero de 2013
El escritor
Cuando escribe se siente poderoso. Crea vidas y las domina. Siente que crece, que sus pensamientos trascenderán. Sus palabras se vuelven importantes al ponerlas sobre papel. Se cargan de sentido y se disparan como balas. No importa lo que haya dicho o hecho, lo que importan son sus textos. Cree que porque los escribe hay quien los lee. Sus puntos, sus comas, cambiarán la vida de alguien, el mundo. Sangra tinta.
Al día siguiente, coge los textos, los lee y los rompe.
lunes, 28 de enero de 2013
Instinto animal
"Tú lo que quieres es que me coma el tigre...". Canturrea. La canción de La Faraona lleva instalada en su cabeza desde hace días. "Que me coma el tigre, que me coma el tigre...". Canturrea. Se quita las medias. "Mi carne morenaaaaa..." Canturrea. Se quita la camiseta. "Tú lo que quieres..." Canturrea. Se queda en ropa interior. "Y entonces..." Canturrea. Se mete en la cama. Fría y muy vacía. "Yo lo que quiero es que me coma el tigre..."
lunes, 21 de enero de 2013
Fantasmas
Estoy en las Ramblas a eso de las
seis de la tarde, en dirección al mar, y entre todas las caras que se
cruzan distingo la suya. Es curioso que en todos estos años nunca antes me la haya encontrado,
incluso empezaba a dudar que fuera real, pero ha sido fácil reconocerla. En
movimiento, sus facciones no resultan muy distintas de las fotos que había
visto en casa de Luis. Es una cara que podría dibujar de memoria. Siempre que
iba a su casa y mi mirada se cruzaba con alguna foto de ellos en el salón, en
el pasillo, en el dormitorio, rápidamente giraba la cabeza pero volvía a mirar
de refilón. El mismo gesto instintivo que cuando vas sentada en el metro,
levantas la vista y te encuentras con el paquete de un tío: te ruborizas,
disimulas, pero la curiosidad te puede y vuelves a mirar.
El caso es que disminuyo el paso,
convencida de que camina hacia mí, segura de sí misma –o al menos así la he
visto yo–, y según se acercaba me ha parecido que abría la boca para decirme
algo. Error. Ha pasado por mi lado sin inmutarse. No me conoce, no sospecha que
existo. Supongo que a eso le llaman “ironías de la vida”. Luego ya no he
pensado más, me he girado y me he puesto a seguirla. No me juzgues, sólo quería
ver que es lo que la hacía tan especial, que tiene que yo no tenga. Cuando pudo
no hacerlo, Luis la eligió a ella.
Es más flaca de lo que imaginaba. La
he visto comprar naranjas en la frutería, elegir sujetadores en la tienda de
lencería, rebuscar en su bolso para
coger el móvil. He oído su voz, su risa mientras hablaba con alguien. Me ha
jodido que fuera tan humana.
Cuando he querido darme cuenta eran
las diez. Me he olvidado de mí, de que tenía cosas que hacer y de una manera casi
mecánica he llegado a casa. Me he quitado el abrigo, he dejado las llaves
encima del mueble del recibidor –haciéndolas chocar con la madera, para que
hagan ruido como a mí me gusta– y me veo
escribiéndote para contarte que hoy he visto un fantasma de carne y hueso.
lunes, 7 de enero de 2013
A Nuréyev
Cher Charles,
El año toca a su fin —yo ya lo daba por terminado— y me ocurrió lo inesperado. Deja que te cuente.
Ya sabes que padezco de insomnio pero que nada tiene que ver con mi conciencia y pensando en que el aire de la noche me haría bien, me calcé las botas de siete leguas y me eché a la calle. No me gusta andar por ahí a altas horas de la madrugada, los peligros de la noche acechan en cualquier esquina —bien lo sé—pero a veces conviene hacer caso a los instintos. Tienes que saber que en la ciudad de los gatos no se duerme, así que no es ningún agravio entrar en un garito a destiempo y eso es lo que hice. Doblé la esquina, abrí la primera puerta y estaba dentro de lo que parecía el cuarto oscuro de un estudio fotográfico. Entre luces rojas, música y etanol, se me aparece majestuoso el gran Nuréyev: grand jeté, arabesque, pliés. Toda una exhibición de precisión y elegancia. Creerás que me lo invento pero es exactamente lo que ocurrió.
Y sin más que añadir, se despide afectuosamente tu amiga,
Anna Karina
jueves, 27 de diciembre de 2012
El fin del principio
Con frecuencia se miraba el ombligo, compadeciéndose por tenerlo tan pequeño, por que pasaba tan desapercibido que nadie le daba la importancia que tenía. Muchas veces se sentaba en cuclillas inclinando la cabeza para acercar al máximo el ojo al agujero de sus entrañas. El ombligo es un hoyo negro: su misma fuerza de atracción, los mismos misterios encerrados. Lo escudriñaba durante horas buscando su verdad para no ver, sentir ni oír nada más que sus pensamientos. A esa actividad estéril consagró un TIEMPO de su VIDA. Pero -siempre hay un "pero"- un día u otro cualquiera, descubrió un pelo que sobresalía alrededor de su ombligo y empezó a tirar de él, como se tira de la hebra de lana de un jersey: uno sigue tirando aun a riesgo de que se deshaga. Y así empezó a desenroscarse su ombligo, poco a poco, una espiral que se aleja de su centro y tiene forma de principio y de fin.
lunes, 15 de octubre de 2012
Habitaciones
Lo malo de las habitaciones es que los pensamientos rebotan en las paredes y si te despistas pueden darte un buen golpe en la cabeza. Eso pienso, sí. Las cuatro paredes están subestimadas, tanto que hay alguno que cree que un techo es un refugio. Sí, sí. Pero yo las conozco, las habitaciones son muy traicioneras: las hay que dejan la puerta abierta a la nostalgia, las que se olvidan de dejarte salir y las más peligrosas son las que te aislan, las que no te dejan ver lo que hay más allá de tus narices. Cielo descubierto. Me subo al tejado que ahí lo único que se te puede caer encima es el mundo.
lunes, 6 de agosto de 2012
ANA
Ana es un nombre sobre el que apoyarse. Puedes escalar sobre su "A" mayúscula y desde allí ver el horizonte despejado. Debajo de su "n" te acurrucas y te proteges del frío y las lluvias de soledades. Y al final su "a" capicúa está para recordarte que todo puede volver a empezar.
viernes, 8 de junio de 2012
Amor de madre
Es un tema desgastado, lo sé. Te quiero hasta a morir, madre.
Te quiero porque de entre todas las personas que pudiste ser elegiste la mejor.
Te respeto y te admiro y por eso de ti me despido, madre.
Ahora soy yo la MADRE.
Te quiero porque de entre todas las personas que pudiste ser elegiste la mejor.
Te respeto y te admiro y por eso de ti me despido, madre.
Ahora soy yo la MADRE.
miércoles, 6 de junio de 2012
Me dan miedo las polillas
Le dan miedo las polillas. Llega el verano y con él las polillas. Se esconde de ellas bajo las sábanas.
Tiene miedo de las polillas y no teme a a la muerte. A la parca le frustra.
Tiene miedo de las polillas y no teme a a la muerte. A la parca le frustra.
lunes, 21 de mayo de 2012
Animales y bestias
Robamos a los pobres.
Matamos a los desvalidos.
Infligimos dolor a los frágiles.
Generosidad y solidaridad son términos vacíos.
¿En nombre de qué? ¿Instinto de supervivencia?
No, no somos animales: somos una especie evolucionada, civilizados,¡ja!
No exagero si digo que mi perro desprendía mucha más humanidad que esta nuestra sociedad.
Matamos a los desvalidos.
Infligimos dolor a los frágiles.
Generosidad y solidaridad son términos vacíos.
¿En nombre de qué? ¿Instinto de supervivencia?
No, no somos animales: somos una especie evolucionada, civilizados,¡ja!
No exagero si digo que mi perro desprendía mucha más humanidad que esta nuestra sociedad.
domingo, 29 de abril de 2012
I'm on fire
Era una noche de verano, de esas en las que el calor asfixiante interrumpe el sueño. I'm on fire...
El calor, un mal sueño o ambos la han despertado. Despega de su cuerpo las sábanas empapadas. I'm on fire...
Se levanta de puntillas y de puntillas cruza el pasillo hasta la cocina. Mantiene la costumbre de desplazarse en silencio, pero vive sola, ya no hay nadie a quien despertar. Abre la nevera, coge la jarra de agua fría y en un impulso repentino se echa su contenido por la cabeza. Al entrar en contacto con su piel, el líquido helado se evapora y una nube de humo blanco crece a su alrededor. Empiezan a saltar chispas que brotan de sus pies. Chispas, ascuas que se encienden y su cuerpo arde en llamas. En su cabeza resuena: I got a bad desire. Oooooh, I'm on fire...
miércoles, 25 de abril de 2012
Del cielo al suelo
Noche cerrada. Cuatro estrellas centellean. Alarga la mano porque sabe que puede tocar el cielo.
Noche cerrada. Ya no hay estrellas. Alarga la mano y se topa con un techo: se ha hundido en la tierra.
N. del A.:Aquí les dejo con su imaginación, lo siento. Me voy corriendo detrás de una musa que se me escapa.
Noche cerrada. Ya no hay estrellas. Alarga la mano y se topa con un techo: se ha hundido en la tierra.
N. del A.:Aquí les dejo con su imaginación, lo siento. Me voy corriendo detrás de una musa que se me escapa.
miércoles, 11 de abril de 2012
Un punto en el Universo
Nació. Punto.
A veces más grande, olvida que es punto del Universo.
A veces más chico, se pierde en su inmensidad.
Murió. Y punto.
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